Fue un buscavidas seductor, un trotamundos con escaramuzas delictivas y, sobretodo, un artista a tiempo completo.
“Héroe del Whisky” y “Blues de la artillería” son canciones con Symns orbitando todo el tiempo en la caligrafía definitiva de Solari y sus veleidades dirigidas a un amigo imposible. En plena pandemia, febrero de 2021, Enrique Symns empezó a despedirse: “Me han mostrado leyendas en las paredes de la ciudad con la frase ‘Soy un virus’, de unos de mis poemas. Cuando los noventa empezaron a agotarse y la tragedia nacional volvía a estar latente, El Viejo se instaló en Chile junto a su compañera de años, la misteriosa Vera Land. “En la época de la pala, lo que más me interesaba era encerrarme a charlar, a beber. Sin duda, la edad de oro de la revista transcurrió entre septiembre de 1989 y febrero de 1992. “Empezaba la democracia, era una sociedad cómplice de la dictadura, a mi criterio muy moralista”, dice Symns en la entrevista que abre el libro Lo mejor de Cerdos y Peces (2011). La Corte Suprema resolvió el caso sobreseyendo a los acusados, “pero en el curso de ese proceso la revista fue cerrada en agosto de 1984”. Buscavidas seductor, trotamundos con escaramuzas delictivas y artista a tiempo completo, Symns incursionó en el teatro y la escritura casi como una suma valiente para visibilizar las atrocidades cotidianas y a los descastados de siempre. “Ya que en el número 3 saqué una nota titulada ‘Hombres que aman a muchachos que aman a hombres’, y nos denunciaron y condenaron por ‘apología del delito’”. Nadie me ayudó a tratar de anudar los misterios más grandes de la existencia, que tienen que ver con las preguntas fundamentales de por qué existís, como Freud”, dijo en una larga entrevista a Rolling Stone (2003). Corría el verano pandémico de 2021 y “la revista de este sitio inmundo” -como siempre advirtió el subtítulo de tapa- lanzaba una edición histórica a modo de largo adiós. La biblioteca de la reflexión quedó abierta de par en par para el pibe inquieto.